jueves, 2 de enero de 2014

BALANCE Y AUTOEVALUACIÓN



Al llegar al final de esta experiencia educativa, se presenta el momento de hacer balance de los contenidos, aptitudes, y habilidades adquiridas. Unas competencias conquistadas por medio de un sistema de trabajo en clase basado fundamentalmente en el aprendizaje cooperativo, cuyos frutos son más diversos y duraderos que en los otros dos tipos de aprendizaje más comunes, el individual y el competitivo. 

El aprendizaje cooperativo, a menudo denominado por algunos autores colaborativo (si bien existen diferencias entre ellos en las que no vamos a entrar), es un método de enseñanza-aprendizaje basado en el trabajo en equipo de los estudiantes. Incluye distintas y numerosas técnicas en las que los alumnos trabajan conjuntamente para lograr determinados objetivos comunes de los que son responsables todos los miembros del equipo. Los autores que estudian el aprendizaje cooperativo destacan la interacción que tiene lugar entre los estudiantes para el logro de los objetivos previstos.

Son muy variadas las competencias que los alumnos desarrollan cuando aplican métodos de aprendizaje basados en la cooperación:

- Búsqueda, selección, organización y valoración de la información.
- Comprensión profunda de conceptos abstractos esenciales para la materia.
- Adaptación y aplicación de conocimientos a situaciones reales.
-   Resumir y sintetizar.
-   Expresión oral.
-  Habilidades interpersonales: desempeño de roles (liderazgo, organizador, etc.) y expresar acuerdos y desacuerdos, resolver conflictos, trabajar conjuntamente, mostrar respeto, etc.
- Organización y gestión personal: planificación de los tiempos, distribución de tareas, etc.

A partir de estas competencias se pueden vislumbrar las ventajas del aprendizaje cooperativo:

-   Desarrollo de habilidades interpersonales y de trabajo en equipo.
-    Desarrollo de habilidades intelectuales de alto nivel.
-    Responsabilidad, flexibilidad y autoestima.
- Trabajo de todos: cada alumno tiene una parte de responsabilidad de cara a los otros compañeros, dentro y fuera del aula.
-    Genera estructuras de apoyo para los alumnos de “riesgo”.
-    Crea mayor entusiasmo y motivación.
-   Promueve el aprendizaje profundo y significativo, frente al memorístico y superficial.
-   Permite la autoevaluación del grupo, muy importante para tomar decisiones de cara a futuros trabajos y para que cada miembro analice su desempeño en el grupo.




Dentro del método de aprendizaje cooperativo, en clase se ha optado por la técnica del Grupo de Investigación, donde el alumno participa activamente en la generación y selección de los contenidos y procedimientos para el aprendizaje. Se puede dividir esta técnica en varios pasos:

1. Elaboración de los grupos.
2. Presentación de los temas a investigar por el docente. 
3. El docente puede presentar algún tipo de bibliografía básica u otro tipo de recursos para que los alumnos puedan realizar la investigación.
4. Realización por equipos de la investigación. Es esta fase los alumnos han de:
a)      Dividir tareas.
b)      Localizar la información.
c)      Organizar los datos que se van encontrando.
d)  Informar a los compañeros de equipo sobre los descubrimientos que se van haciendo.
e)      Discutir y analizar los hallazgos.
f)       Determinar si es necesaria más información.
g)      Interpretar e integrar los descubrimientos.
5. Elaboración del informe final que recoja y explique la investigación realizada así como los hallazgos.
6. Presentación y facilitación del trabajo al resto de los compañeros de clase.

Acceder al conocimiento del tema completo no es posible sin que cada alumno explique el tema o la parte del tema que ha preparado: hay una parte de trabajo individual, pero son fundamentales los momentos de puesta en común, de debate y de preparación conjunta. Los alumnos tienen que ser capaces, por tanto, de transmitir información, no sólo a sus compañeros de grupo, sino también al resto de la clase. Además, han de lograr coordinarse y llegar a acuerdos sobre la organización interna del grupo. En el caso concreto de nuestro grupo de clase, esta tarea era llevada a cabo de manera espontánea y natural. Con el paso del tiempo, eran conocidas las habilidades más destacadas de cada miembro y según las mismas, se repartían las tareas a realizar.

Relacionado con lo anterior, el alumno tendrá feed-back por parte del profesor y por parte de sus compañeros como miembro del grupo y como grupo conjunto, lo que facilitará la reflexión y la mejora, a través de un proceso de autoevaluación individual y grupal. Con la técnica de de aprendizaje cooperativo se les ha cedido a los alumnos la autonomía y el control en su aprendizaje, por lo que él mismo es el que mejor conoce cuál ha sido su progreso durante el proceso de aprendizaje. En mi caso individual, esta autoevaluación se concretará en la numeración de 1 a 5 (siendo 1 el nivel más bajo y 5 el más alto) según la satisfacción de una serie de criterios:

-          Participación en el grupo: 4
-          Implicación con los objetivos previstos: 4
-          Aprendizajes logrados: 5

En el plano de la autoevaluación grupal, se puede considerar el trabajo de investigación del grupo como altamente satisfactorio. Se han logrado los objetivos previstos, se han repartido y puesto en común las tareas  y se ha asimilado el proceso de trabajo cooperativo, de forma que, en futuras ocasiones de trabajo en equipo, lo aprendido durante esta experiencia será puesto en práctica con seguridad.



lunes, 30 de diciembre de 2013

EL TUTOR COMO GUÍA DEL ALUMNO



Si educar es más que instruir en unos conceptos o adiestrar en unos procedimientos, el docente y, particularmente, el tutor, es más que un instructor o enseñador. Al alumno se le educa como una persona entera, y no sólo una parte una parte suya, sea la inteligencia académica o la integración social. La educación debe ser un concepto integral, pero que tiene en cuenta como prioridad las diferencias, la diversidad, puesto que se educa a personas concretas con particularidades propias que hay que valorar, enriquecer y desarrollar.

El tutor va a ser quien acompañe al alumno, quien personalice el proceso educativo, asistiendo las necesidades de los alumnos como individuos y como grupo, actuando en caso de conflicto y fomentando la buena convivencia. La finalidad última de su labor es, como hemos señalado, el desarrollo integral del alumno, en todos y cada uno de los aspectos inherentes al ser humano.

Entre las tareas concretas del tutor como guía del alumnado, aparece en un lugar principal la coordinación de la convivencia entre profesores y alumnos, además de entre éstos mismos como grupo. El papel de mediador y puente entre alumno y docente debe ser constante y complementario del seguimiento personalizado del aprendizaje del alumnado a su cargo, atendiendo a las dificultades y necesidades concretas de cada uno. Para ello es fundamental conocer a cada estudiante, sus aptitudes y talentos, intereses, valores o limitaciones. Sólo así podrá llevar a cabo una labor efectiva de fomento de la participación de éste en la comunidad educativa.

El tercer elemento de la comunidad educativa, además de alumnos y profesores, que recibe un tratamiento primordial por parte del tutor, es la familia. Con ella la relación debe ser lo más estrecha y colaborativa posible, actuando como mediador entre ella y la institución educativa al completo, informándole de todo lo relativo a la evolución de su hijo y tomando medidas para resolver conflictos de todo tipo.

Es interesante comprobar cómo la labor del tutor alcanza cotas de profundidad mayores en una escuela rural y pequeña, donde las edades de los alumnos se entremezclan y la interacción personal entre ellos y el educador es mucho más intensa. El extraordinario documental "Ser y Tener" (Nicolas Philibert, 2002), nos acerca la realidad del día a día en una escuela rural de un pueblecito agrícola francés.

 


En el terreno de la planificación y la documentación oficial educativa, para llevar a cabo su tarea, el tutor cuenta con un documento que sustenta la mayoría de sus actuaciones, el Plan de Acción Tutorial del centro que, sin embargo, no puede ser un marco rígido que impida adaptarse a las circunstancias de cada momento. Por otra parte, es evidente que la complejidad de las funciones del tutor impide reducir su tiempo de actuación a una hora concreta a la semana. El trabajo de tutoría lo es a tiempo completo, inseparable de la vida diaria del grupo. 

Es fundamental aclarar que estas tareas, como es el caso de la totalidad de los procesos educativos, no se circunscriben únicamente a la figura del tutor, sino  que forman parte, de forma genérica, del desempeño diario del común de los profesores. Como educadores, tendrán que atender y conocer la diversidad del aula para garantizar una enseñanza global e integral, que no discrimine a ningún alumno ni sitúe ninguna de sus capacidades por encima o debajo de las otras.