lunes, 30 de diciembre de 2013

EL TUTOR COMO GUÍA DEL ALUMNO



Si educar es más que instruir en unos conceptos o adiestrar en unos procedimientos, el docente y, particularmente, el tutor, es más que un instructor o enseñador. Al alumno se le educa como una persona entera, y no sólo una parte una parte suya, sea la inteligencia académica o la integración social. La educación debe ser un concepto integral, pero que tiene en cuenta como prioridad las diferencias, la diversidad, puesto que se educa a personas concretas con particularidades propias que hay que valorar, enriquecer y desarrollar.

El tutor va a ser quien acompañe al alumno, quien personalice el proceso educativo, asistiendo las necesidades de los alumnos como individuos y como grupo, actuando en caso de conflicto y fomentando la buena convivencia. La finalidad última de su labor es, como hemos señalado, el desarrollo integral del alumno, en todos y cada uno de los aspectos inherentes al ser humano.

Entre las tareas concretas del tutor como guía del alumnado, aparece en un lugar principal la coordinación de la convivencia entre profesores y alumnos, además de entre éstos mismos como grupo. El papel de mediador y puente entre alumno y docente debe ser constante y complementario del seguimiento personalizado del aprendizaje del alumnado a su cargo, atendiendo a las dificultades y necesidades concretas de cada uno. Para ello es fundamental conocer a cada estudiante, sus aptitudes y talentos, intereses, valores o limitaciones. Sólo así podrá llevar a cabo una labor efectiva de fomento de la participación de éste en la comunidad educativa.

El tercer elemento de la comunidad educativa, además de alumnos y profesores, que recibe un tratamiento primordial por parte del tutor, es la familia. Con ella la relación debe ser lo más estrecha y colaborativa posible, actuando como mediador entre ella y la institución educativa al completo, informándole de todo lo relativo a la evolución de su hijo y tomando medidas para resolver conflictos de todo tipo.

Es interesante comprobar cómo la labor del tutor alcanza cotas de profundidad mayores en una escuela rural y pequeña, donde las edades de los alumnos se entremezclan y la interacción personal entre ellos y el educador es mucho más intensa. El extraordinario documental "Ser y Tener" (Nicolas Philibert, 2002), nos acerca la realidad del día a día en una escuela rural de un pueblecito agrícola francés.

 


En el terreno de la planificación y la documentación oficial educativa, para llevar a cabo su tarea, el tutor cuenta con un documento que sustenta la mayoría de sus actuaciones, el Plan de Acción Tutorial del centro que, sin embargo, no puede ser un marco rígido que impida adaptarse a las circunstancias de cada momento. Por otra parte, es evidente que la complejidad de las funciones del tutor impide reducir su tiempo de actuación a una hora concreta a la semana. El trabajo de tutoría lo es a tiempo completo, inseparable de la vida diaria del grupo. 

Es fundamental aclarar que estas tareas, como es el caso de la totalidad de los procesos educativos, no se circunscriben únicamente a la figura del tutor, sino  que forman parte, de forma genérica, del desempeño diario del común de los profesores. Como educadores, tendrán que atender y conocer la diversidad del aula para garantizar una enseñanza global e integral, que no discrimine a ningún alumno ni sitúe ninguna de sus capacidades por encima o debajo de las otras.
 





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