Si
educar es más que instruir en unos conceptos o adiestrar en unos
procedimientos, el docente y, particularmente, el tutor, es más que un
instructor o enseñador. Al alumno se le educa como una persona entera, y no
sólo una parte una parte suya, sea la inteligencia académica o la integración
social. La educación debe ser un concepto integral, pero que tiene en cuenta
como prioridad las diferencias, la diversidad, puesto que se educa a personas
concretas con particularidades propias que hay que valorar, enriquecer y
desarrollar.
El
tutor va a ser quien acompañe al alumno, quien personalice el proceso
educativo, asistiendo las necesidades de los alumnos como individuos y como
grupo, actuando en caso de conflicto y fomentando la buena convivencia. La
finalidad última de su labor es, como hemos señalado, el desarrollo integral
del alumno, en todos y cada uno de los aspectos inherentes al ser humano.
Entre
las tareas concretas del tutor como guía del alumnado, aparece en un lugar
principal la coordinación de la convivencia entre profesores y alumnos, además
de entre éstos mismos como grupo. El papel de mediador y puente entre alumno y
docente debe ser constante y complementario del seguimiento personalizado del
aprendizaje del alumnado a su cargo, atendiendo a las dificultades y
necesidades concretas de cada uno. Para ello es fundamental conocer a cada
estudiante, sus aptitudes y talentos, intereses, valores o limitaciones. Sólo
así podrá llevar a cabo una labor efectiva de fomento de la participación de
éste en la comunidad educativa.
El
tercer elemento de la comunidad educativa, además de alumnos y profesores, que
recibe un tratamiento primordial por parte del tutor, es la familia. Con ella
la relación debe ser lo más estrecha y colaborativa posible, actuando como mediador
entre ella y la institución educativa al completo, informándole de todo lo
relativo a la evolución de su hijo y tomando medidas para resolver conflictos
de todo tipo.
Es
interesante comprobar cómo la labor del tutor alcanza cotas de profundidad mayores
en una escuela rural y pequeña, donde las edades de los alumnos se entremezclan
y la interacción personal entre ellos y el educador es mucho más intensa. El
extraordinario documental "Ser y Tener" (Nicolas Philibert, 2002), nos acerca la
realidad del día a día en una escuela rural de un pueblecito agrícola francés.
En
el terreno de la planificación y la documentación oficial educativa, para
llevar a cabo su tarea, el tutor cuenta con un documento que sustenta la
mayoría de sus actuaciones, el Plan de Acción Tutorial del centro que, sin
embargo, no puede ser un marco rígido que impida adaptarse a las circunstancias
de cada momento. Por otra parte, es evidente que la complejidad de las
funciones del tutor impide reducir su tiempo de actuación a una hora concreta a
la semana. El trabajo de tutoría lo es a tiempo completo, inseparable de la
vida diaria del grupo.
Es
fundamental aclarar que estas tareas, como es el caso de la totalidad de los
procesos educativos, no se circunscriben únicamente a la figura del tutor, sino
que forman parte, de forma genérica, del
desempeño diario del común de los profesores. Como educadores, tendrán que
atender y conocer la diversidad del aula para garantizar una enseñanza global e
integral, que no discrimine a ningún alumno ni sitúe ninguna de sus capacidades
por encima o debajo de las otras.
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